domingo, 9 de octubre de 2011

Este punto

¿Por qué últimamente cuando quiero ir al cine no encuentro nada interesante que ver?

Ya vuelve a parecerse este verano al otoño. Ya ha pasado septiembre como si de un trámite se tratara. Ya tengo a mis niños y se fue aquel que prometía darme un curso de pelea continua. Ya elegí estar en el punto medio entre la rigidez y el cariño. Ya pasó y aparece octubre tranquilo, frío y no menos prometedor. Sigo pensando que la mejor receta para superar la crisis es pasar de la crisis, pero la verdad es que últimamente se hace difícil evitarlo. Además, ya tengo clarísimo que voy al revés que el resto del mundo... ¡y yo que pensaba que esto sólo pasaba en la adolescencia!

Creo que todavía quedan por cambiar muchas cosas, llevo demasiado tiempo corriendo, dándome prisa y no sé dónde voy, tengo que parar un poco, pensar, relajarme... disfrutar algo por fin. Lo necesito tanto...

Siempre he creído que es mejor decir siempre lo que se piensa, que es mejor ser sincera a interpretar un personaje infalible que tú misma has diseñado al milímetro . Prefiero, sin duda, correr el riesgo de hacer tambalear un momento el suelo a dejar que de pronto un día sea demasiado tarde para podernos levantar. Como os podéis imaginar esta decisión no me ha traído siempre buenas noticias, tanto es así que no sé por qué una vez más vuelvo a estar en este punto...

Una amiga mía dice que lo que más le gusta de mí es que siempre le digo lo que pienso y lo que menos le gusta de mí es que siempre le digo lo que pienso. Yo exijo lo mismo de aquellos que están cerca y por eso desconfío de la gente que vende sus vidas como si fueran idílicas, como si fueran de hierro y no tuvieran problemas, dudas o inseguridades. También huyo de los que hablan de su vida como si fuera una continua desgracia, un desastre, los que no encuentran alivio ni en los días en los que se encuentran un billete de cinco euros en el bolsillo del pantalón. Creo que se hacen daño a si mismos y hacen daño a todos los que tienen alrededor.
Y la verdad es que no sé por qué pero en los tiempos que corren parece que se agudizan más estos dos perfiles...

Sufro mucho por los que no pueden evitar darle la espalda a este mal momento, es tan injusto lo que está pasando... pienso que no entiendo mucho nada de lo que ocurre pero confío plenamente en las personas, en la capacidad de reacción, en la lucha y en que algo muy muy bueno está por llegar. No es un deseo, estoy segura de que será así...

... y además, antes de lo que creo encontraré una peli que merezca la pena ir a ver al cine, espero, contigo.


sábado, 10 de septiembre de 2011

Doce enanitos

Y lo maravilloso de vivir, al fin y al cabo, es que no sabes lo que va a pasar. No sabes lo que te va a ocurrir ni cómo vas a enfrentarte a determinadas situaciones. Y eso es algo francamente complicado sobre todo cuando es la propia vida la que te pilla por sorpresa.
Sin embargo y aunque parezca una incongruencia, las mejores vivencias, por lo menos en mi caso, siempre han venido a mí sin previo aviso, sin planearlo y acompañadas de la maravillosa certeza que te da saber que simplemente tú no podías hacer nada por evitar que te tocaran. ¿Y por qué habrían de evitarse si son tan maravillosas? Pues simplemente porque a veces son profundamente dolorosas y te dejan marca para siempre.
Ahora es el momento en el que aquel "Presente perfecto" se va transformando en algo un poco más "pluscuamperfecto", con momentos de ayer y hoy, con una sensación extrañamente familiar y unas cuantas pinceladas de realidad que me hacen pensar que, ahora sí, me adentro en la edad adulta y que no hay marcha atrás.
Yo sé que ya no soy esa chica perdida que buscaba saber quién era y que deseaba no se sabe muy bien el qué, pero indudablemente e inexorablemente algo de ella se ha quedado en mí: su miedo.
Cuando las pulsaciones me suben a 140, cuando no puedo conciliar el sueño, cuando se me quita el apetito, sé que ella me ha dejado el mejor regalo, porque es en ese instante cuando una fuerza sobrenatural que nace de algún lugar entre el corazón y el estómago se apodera de mí y consigue que levante la vista, mire al frente y me vuelva más valiente que nunca.
Ahora no importan los dolores de cabeza, ni el catarro, no importan los viajes, ni los madrugones, ahora queda mucho por hacer, toda esa valentía va por mis doce enanitos.

lunes, 8 de agosto de 2011

Presente Perfecto


Desde que la vida es maravillosa es como si tuviera un catálogo de posibilidades entre mis manos y pudiera elegir cualquiera de ellas con tan solo desearlo.
No sé muy bien dónde estoy, creo que en el medio de algún lugar entre Nunca Jamás y el País de las Maravillas, yo lo llamo: Presente Perfecto.
Curiosamente aquí, en el Presente Perfecto no pasa nada. Todo está exactamente igual que como estaba pero a la vez es mejor. Puedo ver el horizonte, estas tú y no hay prisas. Me dedico a escuchar música durante horas, vuelvo a ver mis películas y series favoritas, sigo dando clases, veo a mis amigos, tengo tiempo para leer un nuevo libro, cocino nuevas recetas, voy los fines de semana a la playa, ceno en tu casa una noche sí y otra también...
En los tiempos que corren parece que queda feo decir ciertas cosas en voz alta, pero qué le vamos a hacer si de las situaciones más desfavorables salen los finales más felices y en este caso los presentes más perfectos. ¿Alguien da más?