miércoles, 5 de enero de 2011

La rata bilingüe



Érase una vez un gato que perseguía a un ratón por una casa.

El ratón, más rápido que el gato, consiguió doblar una esquina y se refugió detrás de su mamá la rata.

La rata, antes de que llegara el gato, comenzó a ladrar. El gato al oír los ladridos huyó despavorido.

En ese momento la rata se volvió hacia su hijo y le dijo: "Ves, hijo mío, qué importante es aprender una segunda lengua".




sábado, 1 de enero de 2011

Es ella




Es la vida la que viene una vez más vestida de otros días que aún no he estrenado. Es ella la que me deja las manos frías, los ojos húmedos y la sonrisa espléndida. La que me lleva bien lejos para conocerla más de cerca, la que me une a las personas, la que me abraza a ellas. Es la vida la que me da siempre otra oportunidad.
Si pudiera elegir, elegiría mucha, muchísima más vida. Elegiría poder dar algo de la mía para no echar de menos, para tener la certeza de que no la malgasto.
Ya que me preguntas, yo no sé qué voy a hacer con estos próximos 363 días... Sé que hay cosas que ya no corren de mi cargo, sé que va a haber sorpresas, cambios, sé que voy a dejar el corazón, sé que va a haber momentos muy importantes, tanto, que casi ni puedo esperar a que sucedan. No lo sé, qué puedo decir yo si es la vida la que manda. Qué puedo pedir más a este nuevo año... más que vida.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

No es nada fácil acostumbrarse, la peor parte soy yo. Pelearme conmigo todos los días no es algo que me agrade, sobre todo cuando nunca gano. He descubierto que puedo cambiar de humor unas 17 veces en 12 horas. Sé que vale la pena, sé lo que me juego, lo que invierto y estoy más que convencida (por una vez en la vida) pero está siendo duro.
Nadie te ve con estos pelos, en chándal, con ojeras, nadie ve las seis horas de estudio, la media hora de ensayar delante del espejo, nadie ve los descansos que invierto en hacer material. Nadie me puede asegurar que todo esto esté contando, que vaya a ser garantía de algo... lo único que sé es que no hacerlo sí que no es una opción.
A eso de las 8 de la mañana me despierta un zumo de naranja recién hecho, junto a una voz que me pide perdón por interrumpir mi sueño. Esta disculpa siempre parece poco creíble, pero yo qué sé, no estoy para discutir a esas horas así que contesto: "No importa, ya me iba a levantar". Creo que mi respuesta tampoco parece convincente...
La parte graciosa es verles hacer de malos conmigo, les leo los temas, les expongo la programación en Inglés y aunque no entienden una palabra me dicen: "te has trabado siete veces al leer", "tienes que trabajar más la entonación", "mira a todos los miembros del tribunal por igual" (y cuando dicen todos se refieren también a los gatos), "no hagas el cuento tan rápido"... Me sacan de quicio, pero me enternece que tengan paciencia para hacer esto una y otra vez.
Sí, creo que a este paso no voy a acabar muy bien de la cabeza... Ya lo voy notando cuando llega la última hora de la tarde y quedo con otro aspirante a entrar en el mundo de los locos. Bailamos sin música, nos reímos por cosas que no tienen gracia, hablamos de lo mismo de todos los días como si fuera totalmente nuevo y encima, volvemos a casas tan contentos.
Como diría Marshall, esto ya puede ser la leche...